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¿Y si muchas de las ideas que durante siglos se han presentado como “naturales” sobre hombres y mujeres no fueran más que construcciones culturales? Esa fue la pregunta que atravesó la charla “La ciencia contra el patriarcado: evidencias para el cambio social”, celebrada en el Ágora Solidaria Cultura y Memoria Luis Toca de Santander y protagonizada por la médica y ecoactivista Marisa Maliaño Toca.
A lo largo de su intervención, Maliaño defendió que la ciencia actual ofrece suficientes evidencias para cuestionar muchos de los discursos tradicionales sobre género, biología, cuidados o desigualdad. Frente a los argumentos que presentan el patriarcado como una consecuencia inevitable de la naturaleza humana, la ponente planteó una visión distinta: las desigualdades entre hombres y mujeres tienen mucho más que ver con la cultura, la educación y las estructuras sociales que con la biología.
“Hoy tenemos datos que nos permiten desmontar mitos que antes eran incuestionables”, afirmó. “No se trata de ideología, sino de evidencia para construir una sociedad más justa”.
El cerebro no tiene género: qué dice la neurociencia sobre hombres y mujeres
Uno de los primeros mitos abordados durante la charla fue la idea de que existen cerebros masculinos y femeninos claramente diferenciados.
Según explicó Maliaño, la neurociencia actual desmonta esa creencia.
“No existe un cerebro masculino y otro femenino”, aseguró.
La médica explicó que el cerebro humano es extraordinariamente plástico y que su desarrollo está profundamente influido por las experiencias, el entorno social, la educación y los estímulos recibidos desde la infancia.
Esta realidad cuestiona la idea de que determinadas capacidades o comportamientos estén predeterminados biológicamente por el sexo.
“La experiencia moldea el cerebro constantemente”, señaló.
Diversidad biológica: por qué la ciencia cuestiona los modelos binarios
Otro de los aspectos que centró la conferencia fue la diversidad biológica.
Maliaño recordó que la realidad humana es mucho más compleja de lo que tradicionalmente se ha enseñado.
“Nos han hecho creer que solo existen dos modelos claramente definidos, pero la biología demuestra algo mucho más diverso”, explicó.
Durante su intervención destacó que aproximadamente un 2% de la población nace con características intersexuales.
“El porcentaje es similar al de las personas pelirrojas”, apuntó.
Lejos de considerar esta diversidad como una excepción, defendió que constituye una característica habitual dentro de la evolución de las especies.
“La diversidad no es una anomalía. La diversidad es una ventaja evolutiva”, afirmó.
La prehistoria y las mujeres: desmontando los relatos tradicionales
La charla también abordó cómo determinados relatos históricos han servido durante décadas para justificar desigualdades contemporáneas.
Según explicó la ponente, durante mucho tiempo se proyectaron ideas patriarcales modernas sobre sociedades prehistóricas de las que realmente se conoce mucho menos de lo que se suele afirmar.
“Durante años se ha asumido que los hombres cazaban y las mujeres cuidaban, pero la investigación científica actual está cuestionando muchas de esas certezas”, señaló.
Maliaño recordó que estudios recientes basados en genética y arqueología están modificando la visión tradicional sobre el papel de las mujeres en las sociedades prehistóricas.
“Hoy sabemos que muchas pinturas rupestres fueron realizadas por mujeres y que existieron organizaciones sociales basadas en habilidades y no necesariamente en el sexo”, explicó.
A su juicio, la dominación masculina no puede entenderse como una constante biológica inevitable.
“La dominación masculina no es natural; es una construcción cultural”.
El sesgo de género en la medicina: cuando investigar solo a hombres cuesta vidas
Uno de los momentos más contundentes de la conferencia llegó cuando abordó el papel del sesgo de género en la investigación científica y médica.
Como médica, Maliaño denunció que durante décadas gran parte de la investigación biomédica tomó el cuerpo masculino como referencia universal.
“La medicina ha estudiado tradicionalmente a los hombres y después ha aplicado esos resultados a toda la población”, explicó.
Esta situación ha generado importantes carencias en la comprensión de enfermedades que afectan específicamente a las mujeres o que se manifiestan de forma diferente según el sexo.
“Un ejemplo muy claro es el infarto”, señaló. “Durante años se investigó principalmente en hombres y eso ha dificultado el diagnóstico de muchas mujeres”.
Para la ponente, incorporar la perspectiva de género en la investigación científica no responde a una cuestión ideológica.
“Es una cuestión de salud pública y de salvar vidas”.
El mito del instinto maternal: qué dice realmente la ciencia
Otro de los conceptos analizados fue el llamado instinto maternal.
Según explicó Maliaño, muchas de las ideas asociadas a la maternidad han sido interpretadas históricamente como comportamientos biológicos inevitables cuando en realidad existe un importante componente cultural.
“Tal y como lo entendemos socialmente, el instinto maternal es una construcción cultural”, afirmó.
La médica diferenció entre los vínculos afectivos que pueden desarrollarse durante la crianza y la idea de que todas las mujeres estén biológicamente programadas para asumir determinadas funciones de cuidado.
A su juicio, este tipo de creencias han servido históricamente para justificar la desigual distribución de responsabilidades dentro de las familias.
Igualdad y economía: por qué el patriarcado también es ineficiente
Más allá de la dimensión ética o social, la conferencia también abordó las consecuencias económicas de la desigualdad.
“El patriarcado es profundamente ineficiente”, afirmó.
Según explicó, limitar las oportunidades de una parte importante de la población supone desaprovechar talento, creatividad y capacidad productiva.
“Estamos desperdiciando el potencial de la mitad de la sociedad”, señaló.
Para la ponente, avanzar hacia una mayor igualdad no solo mejora la justicia social, sino que también genera beneficios económicos y colectivos.
Redes sociales, juventud y retrocesos en igualdad
Uno de los temas que generó mayor preocupación fue el análisis de las nuevas generaciones.
Maliaño alertó sobre determinados retrocesos en la percepción de la violencia de género entre adolescentes y jóvenes.
“Estamos viendo cómo se normalizan comportamientos de control bajo la idea del amor romántico”, advirtió.
Según señaló, las redes sociales y algunos contenidos digitales están contribuyendo a reforzar determinados estereotipos y formas de relación basadas en la desigualdad.
Por ello defendió la importancia de una educación afectivo-sexual basada en el respeto, la autonomía y los derechos humanos.
Feminismo y ciencia: desmontando falsas confrontaciones
Durante la charla también quiso aclarar uno de los conceptos que más controversia generan en el debate público.
“El feminismo no busca la supremacía de las mujeres”, afirmó.
Según explicó, existe una diferencia fundamental entre machismo y feminismo.
“El machismo busca la superioridad de unos sobre otros. El feminismo busca la equidad”.
Para Maliaño, el objetivo último consiste en construir una sociedad donde las oportunidades no dependan del sexo, sino de las capacidades y decisiones de cada persona.
“La igualdad no es una utopía, es una decisión basada en evidencias”
La conferencia concluyó con una reflexión sobre el papel de la ciencia como herramienta para impulsar cambios sociales.
“Vivir no tiene género y se conjuga en futuro”, afirmó.
Lejos de presentar la igualdad como una aspiración idealista, defendió que los datos científicos actuales permiten construir modelos sociales más justos, saludables y eficientes.
“No somos la cúspide de la evolución. Somos parte de una red donde todos dependemos de todos”, señaló.
Y concluyó con una idea que resumió el espíritu de toda la charla:
“La igualdad no es una utopía. Es una decisión basada en evidencias”.
Preguntas frecuentes sobre ciencia, género y patriarcado
Según la neurociencia actual, no existen cerebros masculinos y femeninos claramente diferenciados. El cerebro es plástico y está muy influido por la experiencia y el entorno.
Son personas que nacen con características biológicas que no encajan completamente en las categorías tradicionales de masculino o femenino.
Es la tendencia histórica a utilizar el cuerpo masculino como referencia principal en investigaciones médicas, generando carencias en el diagnóstico y tratamiento de mujeres.
Que la ciencia actual ofrece evidencias suficientes para cuestionar muchos de los mitos utilizados históricamente para justificar desigualdades de género.
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