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La caída de Santander el 26 de agosto de 1937 marcó uno de los episodios decisivos de la Guerra Civil en Cantabria. Tras la derrota republicana en el Frente Norte, la ciudad quedó prácticamente sin capacidad de resistencia y miles de personas intentaron huir por el puerto ante la inminente entrada de las tropas sublevadas. La conquista fue presentada por la propaganda italiana como una gran victoria militar, aunque los testimonios recogidos por María Toca describen una realidad muy diferente: Santander cayó prácticamente sin una batalla.
La historia de aquella caída, de la desesperación vivida en las últimas horas republicanas y de la posterior represión es el eje del tercer episodio de La Hora de la Memoria, dedicado a los 89 años de la caída de Santander. El episodio reconstruye cómo se llegó a aquel 26 de agosto de 1937 y qué ocurrió inmediatamente después de la entrada de las tropas.
Santander, último gran bastión republicano del Frente Norte
Para comprender la caída de Santander hay que situarse en el contexto del Frente Norte.
Tras las elecciones de febrero de 1936, la provincia de Santander quedó políticamente dividida. Mientras las izquierdas tenían una presencia importante en los principales núcleos urbanos e industriales, las derechas obtuvieron ventaja en el conjunto provincial. Sin embargo, cuando comenzó el golpe militar de julio de 1936, Santander permaneció inicialmente dentro del territorio controlado por la República.
La situación se explica, entre otros factores, por las dudas del comandante militar destinado en Santander y por la actuación de dirigentes republicanos como Bruno Alonso y Olazarán, que consiguieron interceptar comunicaciones entre los mandos africanistas y el mando militar santanderino. Aquella circunstancia contribuyó a que la ciudad permaneciera en el bando republicano.
Durante los siguientes trece meses, Santander —entendida entonces como la provincia que hoy conocemos como Cantabria— formó parte del Frente Norte junto a los territorios que permanecían bajo control republicano.
La importancia estratégica de esta zona era enorme. Allí se concentraban buena parte de las industrias y fábricas de armamento, incluida la producción industrial de Reinosa. La pérdida del Frente Norte supuso, por tanto, un golpe especialmente duro para el Gobierno republicano.
La caída de Bilbao dejó a Santander prácticamente aislada
La situación cambió radicalmente durante el verano de 1937.
Bilbao cayó en junio después de que las tropas sublevadas superaran el conocido como Cinturón de Hierro. Con la pérdida de Bilbao, Santander y parte de Asturias quedaron como los principales territorios republicanos que todavía resistían en el norte.
La caída del Frente Norte fue decisiva para el desarrollo posterior de la guerra. La pérdida de las fábricas de armamento y de las zonas industriales dejó a la República en una posición mucho más débil.
En Cantabria, la siguiente gran batalla se produjo en el Escudo.
La batalla del Escudo y el avance hacia Torrelavega
Las tropas sublevadas derrotaron al ejército republicano en la batalla del Escudo. En ella tuvieron un papel destacado las tropas italianas enviadas por Mussolini.
La victoria permitió avanzar rápidamente hacia Torrelavega.
La derrota republicana en el Escudo abrió el camino hacia la capital y dejó a Santander prácticamente indefensa. Torrelavega cayó dos días antes que Santander y, a partir de ese momento, el avance hacia la capital se produjo con escasa resistencia.
La presencia italiana fue especialmente relevante. Según explica María Toca, Franco permitió que las tropas de Mussolini tuvieran un papel destacado en la conquista de Santander después de la derrota italiana en Guadalajara, donde las fuerzas de Mussolini habían sufrido un importante revés.
La propia ciudad conserva todavía huellas de aquella intervención italiana, como la conocida pirámide de los italianos, construida para conmemorar la batalla del Escudo.
Miles de personas llegaron a Santander desde el País Vasco
La caída de Bilbao provocó también un enorme movimiento de población.
Según la información recogida en el podcast, alrededor de 150.000 personas procedentes del País Vasco llegaron a Santander en busca de refugio. Familias cántabras acogieron a refugiados en sus viviendas y se habilitaron colegios y otros edificios para alojarlos.
La llegada fue de tal magnitud que no existían espacios suficientes para acoger a todos.
Algunas personas tuvieron que instalarse incluso en los pinares del Sardinero, mientras otras fueron acogidas en viviendas particulares.
Entre quienes llegaron a Santander se encontraba parte del Gobierno vasco encabezado por el lehendakari José Antonio Aguirre, que se instaló temporalmente en la Casa Rosales, cerca del faro.
El Pacto de Santoña y la salida de los gudaris
La situación del ejército vasco tuvo también una influencia importante en las últimas semanas antes de la caída de Santander.
Tras la pérdida de Bilbao, una parte del nacionalismo vasco consideró que la guerra había perdido su principal objetivo. El Gobierno vasco inició entonces conversaciones con las tropas italianas, con la mediación del Vaticano, que desembocaron en el conocido como Pacto de Santoña.
El acuerdo contemplaba la salida de gudaris hacia Inglaterra.
Un barco británico llegó a Santoña para trasladarlos, pero Franco intervino cuando conoció las negociaciones y ordenó suspender el acuerdo. Los gudaris fueron desembarcados y muchos terminaron encarcelados en el penal de El Dueso.
No todos los combatientes vascos actuaron de la misma manera. Mientras una parte del ejército vinculado al PNV dejó las armas tras la pérdida de Euskadi, otros gudaris continuaron luchando junto a las fuerzas republicanas.
Hambre, enfermedades y bombardeos: los últimos días de Santander republicana
Cuando llegó agosto de 1937, la situación de Santander era extrema.
La ciudad sufría hambre y enfermedades. El suministro de agua había sido interrumpido y la electricidad funcionaba de forma muy limitada.
A esto se sumaba el desgaste provocado por los bombardeos y la actuación de la llamada quinta columna, formada por personas que actuaban clandestinamente en favor de los sublevados.
Santander había sido bombardeada en numerosas ocasiones durante la guerra.
Según los datos aportados durante el episodio, la ciudad sufrió 34 bombardeos masivos, mientras que en el conjunto de la provincia se registraron 184.
El miedo, el hambre, el cansancio y la sensación de derrota fueron creciendo durante los últimos días.
La situación militar tampoco permitía albergar demasiadas esperanzas. El ejército republicano había perdido la batalla del Escudo y se había replegado hacia Santander sin capacidad suficiente para organizar una defensa efectiva.
La huida por el puerto de Santander
La desesperación se hizo especialmente visible en el puerto.
Ante la inminente entrada de las tropas sublevadas, miles de personas intentaron abandonar la ciudad utilizando cualquier embarcación disponible.
Barcos, lanchas y barcazas se llenaron de personas que trataban de escapar.
Algunas embarcaciones llegaron a zozobrar a la altura de Las Quebrantas porque viajaban sobrecargadas.
La escena reflejaba el estado de una ciudad que sabía que la llegada de las tropas podía significar cárcel, fusilamientos o persecución para quienes habían tenido responsabilidades políticas o habían apoyado a la República.
Muchos de los principales responsables políticos y militares habían abandonado Santander unos días antes en un submarino con destino al exilio. María Toca contextualiza esta decisión señalando que quienes permanecieron en la ciudad fueron posteriormente perseguidos y, en numerosos casos, fusilados.
La noche del 25 al 26 de agosto: Santander se entrega
La ciudad llegó a la noche del 25 al 26 de agosto prácticamente sin capacidad de defensa.
En el Ayuntamiento permanecían únicamente algunos mandos intermedios.
Según el relato recogido en el podcast, un teniente acompañado por dos milicianos se dirigió hacia Peñacastillo en un vehículo con una bandera blanca para entregar la ciudad a las tropas italianas. Hubo una pequeña escaramuza en la zona, pero no se produjo una batalla de grandes dimensiones.
Santander cayó el 26 de agosto de 1937.
La imagen resulta muy diferente de la que posteriormente difundió la propaganda fascista italiana.
Mussolini presentó la caída de Santander como una gran victoria militar
La propaganda italiana convirtió la conquista de Santander en una supuesta gran epopeya militar.
Los medios vinculados al régimen de Mussolini presentaron la entrada de sus tropas como una importante victoria obtenida después de una gran batalla.
Pero un periodista italiano que se encontraba en la ciudad contó una versión completamente distinta.
Se trataba de Indro Montanelli, entonces corresponsal de guerra.
Según explica María Toca, Montanelli se atrevió a contar que en Santander no se había producido aquella gran batalla que describía la propaganda. La ciudad había caído prácticamente sin resistencia.
Su relato le provocó problemas y estuvo cerca de costarle la vida.
La diferencia entre la propaganda y lo ocurrido sobre el terreno muestra hasta qué punto la Guerra Civil también fue una batalla por controlar el relato de los acontecimientos.
La caída de Santander dio paso a una represión masiva
La entrada de las tropas sublevadas no supuso el final del conflicto para la población republicana.
Para miles de personas significó el comienzo de una nueva etapa marcada por las detenciones, los consejos de guerra, las cárceles y los campos de concentración.
Los primeros detenidos fueron concentrados en la Plaza de Toros de Santander.
Según el testimonio recogido en el podcast, llegaron a concentrarse allí entre 3.000 y 4.000 personas. Los detenidos dormían en el recinto y las familias tenían que llevarles comida.
Poco después comenzaron a habilitarse otros espacios para albergar a los prisioneros.
Entre 70.000 y 80.000 presos políticos en la provincia de Santander
Uno de los datos más impactantes aportados durante el episodio tiene que ver con la magnitud de la represión.
Las cifras manejadas por distintos historiadores sitúan entre 70.000 y 80.000 el número de presos que pasaron por las cárceles y campos de concentración de la antigua provincia de Santander durante la represión posterior a la caída de la ciudad.
La cifra debe contextualizarse: entre esos presos había personas procedentes de otras provincias, al mismo tiempo que numerosos cántabros fueron encarcelados fuera de la región.
Aun así, el volumen de prisioneros permite dimensionar la magnitud de la represión desencadenada tras la entrada de las tropas franquistas.
La Magdalena, uno de los principales campos de concentración
Entre los espacios utilizados para concentrar prisioneros destacó La Magdalena, que, según la información recogida en el episodio, llegó a convertirse en un modelo para otros campos de concentración de España.
Pero no fue el único.
La represión se extendió por numerosos edificios y espacios de Santander y de otros puntos de Cantabria.
El Colegio Ramón Pelayo fue utilizado como cárcel de mujeres. También se habilitaron otros edificios para presos y se utilizaron diferentes centros para celebrar juicios sumarísimos.
La red represiva transformó durante meses y años distintos espacios cotidianos de la región en lugares de encarcelamiento y persecución.
La memoria de los presos sigue presente en Santander
La historia de aquellos lugares forma parte de la memoria democrática de Cantabria.
Algunos edificios que hoy tienen otros usos fueron en el pasado cárceles o centros de internamiento.
El episodio recuerda especialmente el espacio que actualmente ocupa la Biblioteca Central de Cantabria, cuyas paredes todavía conservan la memoria de quienes estuvieron allí encarcelados.
Entre los presos mencionados se encuentra el doctor Madrazo, que pasó años en condiciones extremadamente duras, además de Juanín, uno de los guerrilleros más conocidos de la resistencia antifranquista.
Recordar estos lugares permite comprender que la represión franquista no fue una realidad lejana.
Formó parte de la vida cotidiana de Santander y de toda Cantabria durante décadas.
Luciano Malumbres, el periodista que murió antes de ver caer Santander
La caída de Santander no puede entenderse sin recordar también a quienes denunciaron el avance de la violencia política antes de la guerra.
Entre ellos destaca Luciano Malumbres, director del periódico La Región.
Malumbres y su compañera, la periodista Matilde Zapata, mantuvieron una línea editorial muy crítica con los poderes económicos, políticos y religiosos de la época.
Sus denuncias sobre las irregularidades de la Cooperativa Lechera SAM y sus críticas a sectores de la Iglesia y de la derecha cántabra le granjearon numerosos enemigos.
En junio de 1936, un falangista le disparó cuando se encontraba en una cafetería de Santander.
Malumbres fue trasladado al Hospital Valdecilla, donde murió esa misma madrugada.
Matilde Zapata decidió entonces regresar a las rotativas para que el periódico saliera al día siguiente.
El entierro de Malumbres reunió a unas 50.000 personas, una cifra que muestra la enorme popularidad que había alcanzado entre la población trabajadora de Santander.
Su asesinato se convirtió en uno de los episodios que agravaron la tensión política en Santander durante las semanas anteriores al golpe de Estado.
Santander y Cantabria, un territorio utilizado como laboratorio de guerra
La Guerra Civil también convirtió España en un escenario de experimentación militar para las potencias fascistas.
La intervención alemana e italiana no se limitó al envío de tropas.
La aviación alemana utilizó el conflicto español para ensayar técnicas de bombardeo que posteriormente volverían a emplearse durante la Segunda Guerra Mundial.
Los documentos de la época permiten conocer cómo la Luftwaffe experimentó con diferentes formas de ataque, incluidos los bombardeos en picado y el ametrallamiento de población.
La guerra española fue así un precedente de las nuevas formas de guerra aérea que se extenderían por Europa pocos años después.
¿Por qué es importante recordar la caída de Santander?
La caída de Santander no fue únicamente un episodio militar.
Supuso la desaparición del último gran espacio republicano del norte, el final de una etapa de la Guerra Civil en Cantabria y el comienzo de una represión que afectó a decenas de miles de personas.
También explica parte de la memoria democrática que todavía permanece en las calles, edificios y paisajes de Santander y del resto de Cantabria.
Las cárceles, los campos de concentración, los lugares de fusilamiento y los espacios de exilio forman parte de una historia que durante décadas apenas pudo ser contada públicamente.
Recuperarla permite comprender mejor qué ocurrió en Santander en agosto de 1937 y qué consecuencias tuvo la victoria franquista sobre la población civil.
El Centro de Memoria Tasio Cañedo: recordar para no repetir
La recuperación de esta memoria histórica conecta directamente con el trabajo del Centro de Memoria Tasio Cañedo, un espacio dedicado a preservar la memoria de las víctimas del franquismo y a divulgar la historia de la represión.
El centro desarrolla labores de investigación, documentación y transmisión de la memoria histórica, además de promover actividades educativas y actos de homenaje.
Su objetivo parte de una idea fundamental: recordar para no repetir.
El Centro de Memoria Tasio Cañedo puede visitarse gratuitamente de martes a viernes, de 17:00 a 20:00 horas, ofreciendo un espacio para acercarse a la historia de quienes sufrieron la represión franquista y conocer mejor la memoria democrática de Cantabria.
Preguntas frecuentes sobre la caída de Santander
¿Cuándo cayó Santander durante la Guerra Civil?
Santander cayó el 26 de agosto de 1937, durante la ofensiva franquista sobre el Frente Norte.
¿Quién conquistó Santander?
La entrada en Santander estuvo protagonizada principalmente por tropas italianas, junto a tropas procedentes del norte de África y un contingente de requetés navarros.
¿Hubo una gran batalla para conquistar Santander?
Según el relato de María Toca recogido en La Hora de la Memoria, no. La ciudad estaba prácticamente sin capacidad de defensa y fue entregada en Peñacastillo durante la noche del 25 al 26 de agosto.
¿Qué ocurrió después de la caída de Santander?
Comenzó una fuerte represión. Miles de personas fueron detenidas y concentradas en lugares como la Plaza de Toros y posteriormente en diferentes cárceles y campos de concentración.
¿Cuántos presos hubo en la provincia de Santander?
Las cifras mencionadas durante el podcast oscilan entre 70.000 y 80.000 presos, aunque una parte procedía de otras provincias y también hubo cántabros encarcelados fuera de la región.
¿Qué importancia tuvo la caída de Santander en la Guerra Civil?
La pérdida de Santander supuso un golpe decisivo para el Frente Norte republicano. Tras la caída de Bilbao y Santander, la República perdió una zona estratégica por su industria y capacidad de producción de armamento.
¿Dónde conocer más sobre la memoria de la represión franquista en Cantabria?
El Centro de Memoria Tasio Cañedo ofrece un espacio dedicado a la investigación, conservación y divulgación de la memoria histórica y puede visitarse gratuitamente de martes a viernes, de 17:00 a 20:00 horas.