4 de feberero de 2026.- El Ágora Solidaria Cultura y Memoria Luis Toca ha acogido en Santander una mesa redonda centrada en combatir el racismo y analizar los prejuicios en torno a la inmigración, en un encuentro que ha reunido a voces del periodismo, el ámbito social y la cultura con el objetivo de generar reflexión y conciencia colectiva.

La sesión, moderada por María Toca, arrancó con una llamada directa a la responsabilidad social ante el avance de estos discursos. “El silencio de la población permite que ocurran dramas terribles”, advirtió, recordando además la memoria migrante española. En este sentido, subrayó: “Esos niños a los que llaman ‘menas’ son menores no acompañados, niños como los nuestros”, lamentando que el silencio social “haya servido de coartada al racismo”.

Desde la asociación 14 Kilómetros, Pilar Bezanilla expuso el trabajo diario con jóvenes migrantes, poniendo el foco en la necesidad de acompañamiento real. “No solo es darles de comer, es darles herramientas para salir adelante”, explicó. En relación al rechazo social, incidió en que “el miedo muchas veces nace de la ignorancia, pero eso no puede justificar el racismo”, y añadió: “Cuando dicen que tienen miedo, hay que preguntarse a qué, porque son chavales que solo quieren trabajar y tener una vida normal”.

Por su parte, Chus Puente, de Pasaje Seguro, alertó de un proceso de deshumanización creciente. “Cuando les llamamos ‘menas’ les quitamos el nombre y la infancia”, afirmó, defendiendo que el auge del racismo “no es casual, sino parte de una estrategia más amplia”. En este sentido, denunció también las trabas del sistema: “Las leyes de extranjería muchas veces están diseñadas como obstáculos para que no lleguen a integrarse plenamente”.

El periodista Óscar Allende puso el foco en la desinformación y los bulos. “No es casualidad que aparezcan noticias falsas justo cuando se anuncian recursos de acogida”, explicó, apuntando a una “maquinaria organizada”. Además, recordó su propia experiencia: “Soy hijo de migrantes y lo que escucho hoy aquí es lo mismo que se decía de los españoles en otros países”.

En esa misma línea, Ángela Benito abordó el racismo desde la perspectiva social y económica. “Hay un término que lo explica muy bien: aporofobia, el rechazo al pobre”, señaló, explicando que la percepción cambia según el estatus. “Si esa persona fuera un médico de prestigio, ya no sería vista igual”, apuntó. También incidió en la educación: “Los prejuicios no nacen en los niños, se los transmitimos los adultos”.

El músico Bambax aportó su experiencia personal, visibilizando el racismo cotidiano. “A veces no es explícito, pero está en las miradas o en pequeños gestos”, explicó, defendiendo su identidad: “Soy tan de aquí como cualquiera, aunque algunos no lo vean así”. En este sentido, reivindicó la cultura como herramienta: “La música es mi forma de decir que estoy aquí y que no me voy a callar”.

Uno de los testimonios más significativos fue el de Mamadú, quien llegó a España siendo menor. “Yo no quiero quitar nada a nadie, solo quiero trabajar”, afirmó, recordando su proceso de formación y adaptación. “Aprendí el idioma porque sabía que era la única forma”, explicó, destacando que hoy cuenta con empleo estable y una vida normalizada. “Cuando veo que a la gente le gusta lo que hago, me siento parte de este sitio”, añadió.

Durante el debate también intervino la periodista Olga Agüero, quien puso el foco en la responsabilidad institucional ante el auge de estos discursos. “Hemos visto comportamientos racistas muchas veces, pero lo preocupante es que ahora también aparecen desde cargos públicos que deberían defender valores contrarios”, señaló. En este sentido, criticó la falta de reacción política: “Se esperaba una respuesta clara y no ha llegado”, y advirtió de las consecuencias: “Esto abre la puerta a que los discursos de odio ganen espacio”.

En el tramo final, los participantes coincidieron en la necesidad de reforzar la educación, el pensamiento crítico y el acceso a información veraz. También se puso en valor el trabajo de las entidades sociales. “Escuchar testimonios como el de Mamadú es la mejor respuesta al odio”, apuntó Bezanilla, mientras que desde la organización se recordó que “por cada mensaje negativo hay muchas personas dispuestas a ayudar”.

El encuentro concluyó con una llamada a la acción colectiva. “El odio hace mucho ruido, pero somos más los que apostamos por la convivencia”, señaló María Toca, quien cerró la jornada con un mensaje claro: “No es solo decir no al racismo, es decir sí a la humanidad”, reivindicando el Ágora Solidaria como un espacio para seguir construyendo comunidad desde el diálogo.

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