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¿Fue realmente el asesinato de Calvo Sotelo el detonante de la Guerra Civil? Los hechos que desmontan uno de los grandes mitos del franquismo
Noventa años después del golpe de Estado del 18 de julio de 1936, todavía persisten numerosos mitos sobre el origen de la Guerra Civil española. Uno de los más repetidos sostiene que el asesinato de José Calvo Sotelo provocó el levantamiento militar. Sin embargo, la investigación histórica demuestra que la conspiración llevaba años preparándose y que el golpe ya estaba organizado cuando se produjo aquel crimen.
La historia no siempre se construye con hechos. En demasiadas ocasiones se levanta sobre relatos interesados que, repetidos durante décadas, terminan convirtiéndose en verdades aceptadas por buena parte de la sociedad.
Uno de esos relatos sostiene que el asesinato del dirigente monárquico José Calvo Sotelo, ocurrido el 13 de julio de 1936, fue la causa directa del golpe militar que apenas cinco días después desencadenó la Guerra Civil española.
Sin embargo, la documentación histórica y las investigaciones de especialistas como Ángel Viñas muestran una realidad muy diferente. El levantamiento no fue una reacción improvisada a un asesinato político. Era una operación cuidadosamente preparada desde hacía años por militares, monárquicos, sectores económicos y potencias fascistas europeas.
Ese es uno de los asuntos que aborda María Toca, presidenta de Ágora Solidaria Cultura y Memoria Luis Toca, en el primer episodio del pódcast El Ágora de la Memoria, dedicado a desmontar algunos de los principales mitos construidos durante el franquismo sobre el inicio de la Guerra de España.
El golpe de Estado ya estaba organizado antes del asesinato de Calvo Sotelo
El primer argumento resulta tan sencillo como contundente.
Calvo Sotelo fue asesinado el 13 de julio de 1936.
El golpe militar comenzó el 17 de julio en el protectorado español de Marruecos y el 18 de julio se extendió al resto del país.
Pensar que en apenas cinco días pudo organizarse una insurrección militar coordinada en toda España, con el traslado de tropas desde África, la implicación de generales repartidos por distintas regiones y el apoyo logístico internacional resulta, sencillamente, imposible.
La conspiración estaba en marcha mucho antes.
De hecho, diferentes testimonios de la época confirman que quienes preparaban el levantamiento tenían órdenes expresas de no alterar sus planes tras el asesinato de Calvo Sotelo. El temor era que cualquier reacción precipitada pudiera poner en peligro una operación que llevaba meses perfectamente diseñada.
La conspiración comenzó el mismo día que nació la Segunda República
La preparación del golpe no arrancó en julio de 1936.
Según recuerda María Toca durante el pódcast, la oposición frontal al régimen republicano comenzó prácticamente el mismo 14 de abril de 1931, jornada en la que se proclamó la Segunda República.
Ese mismo día ya se produjeron reuniones entre destacados dirigentes monárquicos para estudiar la forma de acabar con el nuevo régimen democrático.
A partir de entonces comenzó una estrategia continuada de desestabilización política en la que participaron militares, aristócratas, grandes propietarios, sectores financieros y parte de la prensa conservadora.
No se trataba únicamente de recuperar la monarquía.
El objetivo era impedir que prosperaran las profundas reformas sociales, educativas y económicas impulsadas por la República.
La financiación del golpe: el papel de Juan March
Uno de los nombres menos conocidos por el gran público, pero más importantes para entender el golpe de Estado, es el del empresario mallorquín Juan March.
Su capacidad económica permitió financiar buena parte de la conspiración.
Los historiadores coinciden en señalar su participación en la contratación del Dragon Rapide, el avión que trasladó a Francisco Franco desde Canarias hasta Marruecos para ponerse al frente del Ejército de África.
Pero su apoyo fue mucho más allá.
También contribuyó económicamente al transporte de tropas hacia la península y utilizó sus contactos internacionales para dificultar el suministro de petróleo al Gobierno legítimo de la República.
La guerra no solo se libró en los frentes.
También se combatió mediante la financiación, la diplomacia y el control de los recursos estratégicos.
Mussolini y la ayuda fascista al levantamiento militar
La dimensión internacional del golpe constituye otro de los aspectos menos conocidos por buena parte de la ciudadanía.
Las investigaciones históricas demuestran que la Italia fascista de Benito Mussolini conocía y respaldaba los planes golpistas antes incluso del estallido de la guerra.
Diversos documentos localizados por el historiador Ángel Viñas muestran la existencia de acuerdos firmados en Roma entre representantes de la conspiración española y el régimen italiano.
Aquellos contactos permitieron garantizar apoyo militar y logístico a los sublevados desde el primer momento.
Lejos de tratarse de un conflicto exclusivamente español, la Guerra de España se convirtió en un laboratorio donde las potencias fascistas comenzaron a ensayar las tácticas militares que pocos años después utilizarían durante la Segunda Guerra Mundial.
¿Fue la Guerra Civil la primera batalla de la Segunda Guerra Mundial?
Cada vez son más los historiadores que defienden esta interpretación.
La intervención directa de la Alemania nazi y de la Italia fascista, unida a la política de no intervención impulsada por las democracias occidentales, convirtió España en un campo de pruebas para los totalitarismos europeos.
La aviación alemana ensayó nuevas técnicas de bombardeo sobre población civil.
Las tropas italianas participaron activamente en diferentes frentes.
Mientras tanto, el Gobierno legítimo de la República veía cómo las principales democracias europeas limitaban el envío de ayuda.
Desde esta perspectiva, la Guerra de España deja de entenderse únicamente como una guerra civil para convertirse en el primer gran enfrentamiento europeo entre democracia y fascismo.
Una memoria que sigue siendo necesaria
Noventa años después del golpe de Estado, muchas de aquellas falsedades continúan presentes en el debate público.
Por eso la memoria democrática no consiste únicamente en recordar nombres o fechas.
También implica revisar críticamente los relatos heredados, contrastarlos con la investigación histórica y comprender cómo determinados discursos fueron utilizados para justificar un golpe militar contra un gobierno elegido democráticamente.
Conocer el origen real de aquellos acontecimientos no pretende reabrir heridas.
Pretende impedir que la desinformación vuelva a sustituir a la historia.
¿Fue realmente el asesinato de Calvo Sotelo el detonante de la Guerra Civil? Los hechos que desmontan uno de los grandes mitos del franquismo
Noventa años después del golpe de Estado del 18 de julio de 1936, todavía persisten numerosos mitos sobre el origen de la Guerra Civil española. Uno de los más repetidos sostiene que el asesinato de José Calvo Sotelo provocó el levantamiento militar. Sin embargo, la investigación histórica demuestra que la conspiración llevaba años preparándose y que el golpe ya estaba organizado cuando se produjo aquel crimen.
La historia no siempre se construye con hechos. En demasiadas ocasiones se levanta sobre relatos interesados que, repetidos durante décadas, terminan convirtiéndose en verdades aceptadas por buena parte de la sociedad.
Uno de esos relatos sostiene que el asesinato del dirigente monárquico José Calvo Sotelo, ocurrido el 13 de julio de 1936, fue la causa directa del golpe militar que apenas cinco días después desencadenó la Guerra Civil española.
Sin embargo, la documentación histórica y las investigaciones de especialistas como Ángel Viñas muestran una realidad muy diferente. El levantamiento no fue una reacción improvisada a un asesinato político. Era una operación cuidadosamente preparada desde hacía años por militares, monárquicos, sectores económicos y potencias fascistas europeas.
Ese es uno de los asuntos que aborda María Toca, presidenta de Ágora Solidaria Cultura y Memoria Luis Toca, en el primer episodio del pódcast El Ágora de la Memoria, dedicado a desmontar algunos de los principales mitos construidos durante el franquismo sobre el inicio de la Guerra de España.
El golpe de Estado ya estaba organizado antes del asesinato de Calvo Sotelo
El primer argumento resulta tan sencillo como contundente.
Calvo Sotelo fue asesinado el 13 de julio de 1936.
El golpe militar comenzó el 17 de julio en el protectorado español de Marruecos y el 18 de julio se extendió al resto del país.
Pensar que en apenas cinco días pudo organizarse una insurrección militar coordinada en toda España, con el traslado de tropas desde África, la implicación de generales repartidos por distintas regiones y el apoyo logístico internacional resulta, sencillamente, imposible.
La conspiración estaba en marcha mucho antes.
De hecho, diferentes testimonios de la época confirman que quienes preparaban el levantamiento tenían órdenes expresas de no alterar sus planes tras el asesinato de Calvo Sotelo. El temor era que cualquier reacción precipitada pudiera poner en peligro una operación que llevaba meses perfectamente diseñada.
La conspiración comenzó el mismo día que nació la Segunda República
La preparación del golpe no arrancó en julio de 1936.
Según recuerda María Toca durante el pódcast, la oposición frontal al régimen republicano comenzó prácticamente el mismo 14 de abril de 1931, jornada en la que se proclamó la Segunda República.
Ese mismo día ya se produjeron reuniones entre destacados dirigentes monárquicos para estudiar la forma de acabar con el nuevo régimen democrático.
A partir de entonces comenzó una estrategia continuada de desestabilización política en la que participaron militares, aristócratas, grandes propietarios, sectores financieros y parte de la prensa conservadora.
No se trataba únicamente de recuperar la monarquía.
El objetivo era impedir que prosperaran las profundas reformas sociales, educativas y económicas impulsadas por la República.
La financiación del golpe: el papel de Juan March
Uno de los nombres menos conocidos por el gran público, pero más importantes para entender el golpe de Estado, es el del empresario mallorquín Juan March.
Su capacidad económica permitió financiar buena parte de la conspiración.
Los historiadores coinciden en señalar su participación en la contratación del Dragon Rapide, el avión que trasladó a Francisco Franco desde Canarias hasta Marruecos para ponerse al frente del Ejército de África.
Pero su apoyo fue mucho más allá.
También contribuyó económicamente al transporte de tropas hacia la península y utilizó sus contactos internacionales para dificultar el suministro de petróleo al Gobierno legítimo de la República.
La guerra no solo se libró en los frentes.
También se combatió mediante la financiación, la diplomacia y el control de los recursos estratégicos.
Mussolini y la ayuda fascista al levantamiento militar
La dimensión internacional del golpe constituye otro de los aspectos menos conocidos por buena parte de la ciudadanía.
Las investigaciones históricas demuestran que la Italia fascista de Benito Mussolini conocía y respaldaba los planes golpistas antes incluso del estallido de la guerra.
Diversos documentos localizados por el historiador Ángel Viñas muestran la existencia de acuerdos firmados en Roma entre representantes de la conspiración española y el régimen italiano.
Aquellos contactos permitieron garantizar apoyo militar y logístico a los sublevados desde el primer momento.
Lejos de tratarse de un conflicto exclusivamente español, la Guerra de España se convirtió en un laboratorio donde las potencias fascistas comenzaron a ensayar las tácticas militares que pocos años después utilizarían durante la Segunda Guerra Mundial.
¿Fue la Guerra Civil la primera batalla de la Segunda Guerra Mundial?
Cada vez son más los historiadores que defienden esta interpretación.
La intervención directa de la Alemania nazi y de la Italia fascista, unida a la política de no intervención impulsada por las democracias occidentales, convirtió España en un campo de pruebas para los totalitarismos europeos.
La aviación alemana ensayó nuevas técnicas de bombardeo sobre población civil.
Las tropas italianas participaron activamente en diferentes frentes.
Mientras tanto, el Gobierno legítimo de la República veía cómo las principales democracias europeas limitaban el envío de ayuda.
Desde esta perspectiva, la Guerra de España deja de entenderse únicamente como una guerra civil para convertirse en el primer gran enfrentamiento europeo entre democracia y fascismo.
Una memoria que sigue siendo necesaria
Noventa años después del golpe de Estado, muchas de aquellas falsedades continúan presentes en el debate público.
Por eso la memoria democrática no consiste únicamente en recordar nombres o fechas.
También implica revisar críticamente los relatos heredados, contrastarlos con la investigación histórica y comprender cómo determinados discursos fueron utilizados para justificar un golpe militar contra un gobierno elegido democráticamente.
Conocer el origen real de aquellos acontecimientos no pretende reabrir heridas.
Pretende impedir que la desinformación vuelva a sustituir a la historia.
¿Era realmente la Segunda República un caos? Los datos que contradicen otro de los grandes mitos
Otra de las ideas que más ha perdurado desde la dictadura franquista es que la Segunda República fue un periodo de desorden permanente, violencia incontrolada y enfrentamiento social, hasta el punto de que el golpe militar habría sido una respuesta inevitable para restaurar el orden.
Sin embargo, esa explicación simplifica una realidad mucho más compleja.
La Segunda República nació el 14 de abril de 1931 en un contexto extremadamente difícil. España arrastraba un profundo atraso económico, educativo y social, agravado por la crisis internacional provocada tras el crack bursátil de 1929. El desempleo, la pobreza y las enormes desigualdades entre una minoría privilegiada y una inmensa mayoría trabajadora condicionaban cualquier intento de transformación.
Lejos de ser un país estable que se precipitó de repente hacia el conflicto, España acumulaba problemas estructurales que venían de siglos atrás.
En amplias zonas del sur peninsular, enormes extensiones de tierra permanecían en manos de unos pocos propietarios, mientras miles de jornaleros sobrevivían en condiciones extremadamente precarias. A ello se sumaba un elevado índice de analfabetismo, especialmente entre las mujeres, y una administración heredada de un sistema político incapaz de responder a las demandas sociales de buena parte de la población.
Las reformas que cambiaron la historia de España
A pesar de ese escenario, la Segunda República impulsó algunas de las reformas más profundas que había conocido el país hasta ese momento.
La educación se convirtió en una prioridad política. Se promovió la construcción de miles de escuelas públicas para combatir el analfabetismo y acercar la enseñanza a las zonas rurales.
Las mujeres conquistaron derechos fundamentales que hasta entonces les habían sido negados.
El sufragio femenino permitió que las españolas votaran por primera vez en unas elecciones generales. También se aprobó el divorcio y se equipararon los derechos de los hijos nacidos dentro y fuera del matrimonio.
En 1936, bajo el mandato de la ministra Federica Montseny, se impulsó además una legislación pionera sobre la interrupción voluntaria del embarazo, una medida que situó a España entre los países europeos más avanzados en materia de derechos reproductivos.
Estas reformas despertaron enormes expectativas entre amplios sectores sociales, pero también provocaron una fuerte reacción de quienes consideraban amenazados sus privilegios.
¿Existía violencia durante la República?
La respuesta es sí.
Hubo huelgas, conflictos laborales, enfrentamientos políticos y episodios de violencia.
Pero reducir toda la Segunda República a esos episodios supone ignorar el contexto democrático en el que se produjeron.
Como ocurre en cualquier sistema democrático, existían protestas, movilizaciones y una intensa confrontación política. También hubo decisiones muy controvertidas por parte de los propios gobiernos republicanos.
Uno de los episodios más dolorosos fue la represión de los sucesos de Casas Viejas, en Cádiz, donde la actuación de las fuerzas del orden terminó con la muerte de varios campesinos que reclamaban mejoras sociales.
Aquel episodio dañó gravemente la imagen del Gobierno republicano y sigue siendo considerado uno de los capítulos más oscuros de aquel periodo.
Precisamente por ello resulta significativo que estos hechos sean objeto de estudio y crítica desde hace décadas. La memoria democrática no consiste en ocultar los errores de la República, sino en analizarlos con rigor histórico.
La Falange y la violencia organizada antes de la guerra
La violencia política, sin embargo, no procedía únicamente de un lado.
Durante los años previos al golpe de Estado, organizaciones fascistas como Falange Española recurrieron de forma sistemática a la intimidación y al asesinato de adversarios políticos.
Su estrategia buscaba generar un clima de enfrentamiento permanente que facilitara la ruptura del sistema democrático.
En ese contexto se produjeron numerosos atentados contra sindicalistas, militantes de izquierdas y periodistas.
Uno de los casos más significativos en Cantabria fue el asesinato de Luciano Malumbres.
Luciano Malumbres: el periodista que incomodaba al poder
Luciano Malumbres dirigía el periódico La Región, una cabecera comprometida con las clases trabajadoras y con la defensa de los valores republicanos.
Desde sus páginas denunciaba abusos laborales, criticaba a las élites económicas y señalaba las desigualdades sociales que seguían marcando la vida de miles de personas en Cantabria.
Su compromiso con un periodismo incómodo terminó convirtiéndolo en objetivo de la violencia política.
En mayo de 1936 fue asesinado por militantes falangistas, apenas unas semanas antes del golpe militar.
Su muerte simboliza el clima de tensión que vivía el país, pero también recuerda que la violencia contra periodistas y representantes del movimiento obrero comenzó antes del estallido oficial de la guerra.
Hoy, noventa años después, Luciano Malumbres continúa siendo una de las figuras más representativas del periodismo comprometido en Cantabria y un referente de la memoria democrática.
¿Era real el peligro comunista?
Otro de los argumentos utilizados durante décadas para justificar el golpe militar fue el supuesto riesgo de que España terminara convertida en un Estado comunista bajo influencia soviética.
Los datos electorales desmienten esa afirmación.
En las elecciones de 1931, el Partido Comunista obtuvo apenas un 1,7 % de los votos y únicamente tres diputados en las Cortes.
Las principales fuerzas que sustentaban la República pertenecían al republicanismo liberal, al socialismo democrático y a partidos de centroizquierda, muy alejados de cualquier proyecto revolucionario inspirado por Moscú.
No fue hasta después del inicio de la guerra, cuando las democracias occidentales decidieron no apoyar al Gobierno legítimo español, cuando la Unión Soviética comenzó a suministrar ayuda militar a la República.
Ese apoyo respondió a un contexto de aislamiento internacional, no a un supuesto plan previo para implantar un régimen comunista en España.
Numerosos historiadores coinciden hoy en que el llamado “peligro comunista” fue, sobre todo, un eficaz instrumento propagandístico utilizado por los sectores golpistas para justificar la ruptura del orden constitucional y obtener apoyos nacionales e internacionales.
Comprender estos hechos resulta esencial para interpretar el origen del conflicto desde la investigación histórica y no desde los relatos construidos durante décadas por la propaganda de la dictadura.
La diferencia entre la violencia de la guerra y la represión franquista
Uno de los debates más recurrentes cuando se habla de memoria histórica gira en torno a la idea de que “en ambos bandos hubo violencia”. La afirmación, en términos estrictamente históricos, es cierta. La Guerra de España dejó miles de víctimas civiles y episodios de enorme brutalidad en ambos lados del frente.
Sin embargo, los historiadores insisten en una diferencia fundamental que resulta imprescindible comprender para analizar aquel periodo con rigor.
La violencia producida durante el conflicto armado no puede equipararse con la represión organizada y sistemática que se prolongó durante casi cuarenta años bajo la dictadura franquista.
Mientras la guerra respondía a un escenario bélico, la represión posterior se convirtió en una política de Estado destinada a eliminar cualquier forma de oposición política, sindical, cultural o intelectual.
Miles de personas fueron fusiladas tras consejos de guerra sin garantías, encarceladas durante décadas, enviadas a campos de concentración, sometidas a trabajos forzados o condenadas al exilio simplemente por haber defendido la legalidad republicana.
Una estrategia planificada para sembrar el terror
La documentación conservada demuestra que la violencia ejercida por los sublevados no fue fruto del caos de la guerra.
Formaba parte de una estrategia previamente diseñada.
Las instrucciones atribuidas al general Emilio Mola resultan especialmente reveladoras cuando ordenaba “sembrar el terror” y eliminar sin escrúpulos a quienes no apoyaran el levantamiento militar.
Las cifras hablan por sí solas.
En territorios donde apenas existió frente de guerra, como Navarra, Galicia, Baleares o Canarias, miles de personas fueron asesinadas durante los primeros meses del golpe.
No murieron en combate.
Fueron víctimas de una represión destinada a consolidar el nuevo poder mediante el miedo.
En muchas localidades bastaba con haber pertenecido a un sindicato, ocupar un cargo municipal republicano, impartir clases o defender ideas progresistas para convertirse en objetivo de las nuevas autoridades.
La Desbandá: uno de los mayores crímenes contra la población civil
Entre los episodios más dramáticos de la Guerra de España destaca la conocida como La Desbandá.
En febrero de 1937, tras la caída de Málaga, alrededor de 300.000 personas emprendieron la huida por la carretera que unía la ciudad con Almería.
No eran soldados.
La inmensa mayoría eran mujeres, niños, ancianos y familias enteras que intentaban escapar del avance de las tropas franquistas.
Durante varios días fueron bombardeados desde el aire por la aviación italiana y alemana y atacados desde el mar por buques de guerra.
Miles de civiles murieron durante aquella huida.
El médico canadiense Norman Bethune, que participó en la evacuación de numerosos refugiados, dejó uno de los testimonios más estremecedores del conflicto al describir madres caminando con sus hijos muertos en brazos, ancianos abandonados en las cunetas y kilómetros de carretera convertidos en un escenario de devastación.
Hoy, La Desbandá es considerada uno de los mayores crímenes contra la población civil ocurridos durante la Guerra de España.
Paracuellos: reconocer todas las víctimas
Hablar de memoria democrática exige también reconocer el sufrimiento provocado por la violencia ejercida en la retaguardia republicana.
Las matanzas de Paracuellos del Jarama constituyen uno de los episodios más trágicos del conflicto.
Cientos de presos fueron asesinados durante las sacas de las cárceles madrileñas en un contexto marcado por el miedo al avance de las tropas franquistas sobre la capital.
Aquellos asesinatos forman parte de la historia y deben ser recordados con el mismo rigor con el que se estudian el resto de crímenes de la guerra.
La diferencia, sin embargo, aparece tras el final del conflicto.
Las víctimas del bando vencedor fueron identificadas, enterradas con honores, reconocidas oficialmente y sus familias pudieron mantener vivo su recuerdo.
En cambio, decenas de miles de represaliados por el franquismo permanecieron durante décadas en fosas comunes, sin identificación y sin reconocimiento institucional.
Muchas familias ni siquiera pudieron vestir de luto o acudir a colocar flores sobre las tumbas de sus seres queridos por miedo a sufrir nuevas represalias.
¿Qué habría ocurrido si hubiera ganado la República?
Ningún historiador puede responder con absoluta certeza a esta pregunta.
La historia no admite certezas sobre aquello que nunca llegó a suceder.
Sin embargo, numerosos especialistas consideran probable que una victoria republicana hubiera situado a España junto a las democracias aliadas durante la Segunda Guerra Mundial.
También es posible que el país hubiera participado en la derrota del fascismo europeo junto a Francia, Reino Unido y el resto de aliados.
Lo que sí resulta evidente es que España habría evitado casi cuatro décadas de dictadura, censura, represión política y aislamiento internacional.
Aunque se trata de un ejercicio de historia contrafactual, esta reflexión permite comprender hasta qué punto el desenlace de la Guerra de España condicionó el desarrollo político, social y económico del país durante buena parte del siglo XX.
Centro de Memoria Tasio Cañedo: un espacio para comprender nuestra historia
Conocer el pasado exige algo más que leer libros o consultar documentos.
También requiere espacios donde conservar la memoria colectiva y transmitirla a las nuevas generaciones.
El Centro de Memoria Tasio Cañedo, impulsado por Ágora Solidaria Cultura y Memoria Luis Toca, nace precisamente con ese objetivo.
Este espacio está dedicado a preservar la memoria histórica, honrar a las víctimas de la represión franquista y promover los valores democráticos y los derechos humanos bajo un principio sencillo pero imprescindible: recordar para no repetir.
El centro puede visitarse gratuitamente de martes a viernes, entre las 17:00 y las 20:00 horas.
A través de documentos, investigaciones, materiales históricos y actividades divulgativas, el Centro de Memoria Tasio Cañedo desarrolla tres grandes líneas de trabajo.
La primera es la investigación, documentando y verificando casos relacionados con la represión franquista.
La segunda es la educación, acercando la memoria democrática a estudiantes y ciudadanía mediante actividades formativas.
Y la tercera es la conmemoración, organizando homenajes y actos públicos que mantienen vivo el recuerdo de quienes sufrieron persecución, cárcel, exilio o muerte durante la dictadura.
Visitar este espacio supone comprender mejor historias como las de Luciano Malumbres, Matilde Zapata y tantas otras personas que defendieron la libertad y la democracia en los momentos más difíciles de la historia contemporánea de España.
Conocer la historia para defender la democracia
Noventa años después del golpe de Estado del 18 de julio de 1936, la memoria democrática continúa planteando preguntas incómodas, pero necesarias.
Comprender cómo se organizó la conspiración contra la Segunda República, desmontar los mitos construidos durante décadas y escuchar el testimonio de quienes investigan este periodo ayuda a construir una sociedad mejor informada y más consciente de su pasado.
La historia no puede cambiarse.
Pero sí puede conocerse con rigor.
Porque únicamente desde el conocimiento es posible defender la democracia, proteger los derechos humanos y evitar que los discursos de odio vuelvan a encontrar espacio en nuestra sociedad.
Preguntas frecuentes
¿Provocó el asesinato de Calvo Sotelo la Guerra Civil?
No. La investigación histórica demuestra que el golpe de Estado llevaba meses preparándose y que la conspiración contra la Segunda República había comenzado años antes.
¿Quién financió el golpe militar de 1936?
Diversos estudios señalan al empresario Juan March como uno de los principales financiadores de la conspiración, además del apoyo prestado por la Italia fascista y la Alemania nazi.
¿Existía realmente un peligro comunista antes de la guerra?
Los resultados electorales muestran que el Partido Comunista tenía una representación muy reducida antes de julio de 1936. La ayuda soviética llegó una vez iniciada la guerra y tras el aislamiento internacional de la República.
¿Cuál fue la diferencia entre la violencia de la guerra y la represión franquista?
La principal diferencia es que la represión franquista continuó de forma sistemática durante casi cuarenta años mediante ejecuciones, cárceles, exilio, trabajos forzados y persecución política.
¿Cuándo puede visitarse el Centro de Memoria Tasio Cañedo?
El centro abre gratuitamente de martes a viernes, entre las 17:00 y las 20:00 horas.