
- La médica y ecoactivista cuestiona el modelo urbano de Santander y alerta del impacto de la contaminación, el urbanismo y la falta de zonas verdes en la salud
19 de febrero de 2026.- El Ágora Solidaria Cultura y Memoria Luis Toca ha acogido la charla “¿Santander verde y saludable? Rompiendo hechizos”, impartida por la médica y ecoactivista Marisa Maliaño Toca, en la que se ha planteado una reflexión crítica sobre el modelo de ciudad desde la perspectiva de la salud, la ecología y la justicia social.
La ponente, licenciada en Medicina por la Universidad de Cantabria y con una amplia trayectoria en docencia y divulgación científica, abordó la evolución histórica del concepto de salud para contextualizar la situación actual. “Para hablar de salud hay que basarse en hechos demostrables, como decía Galileo”, señaló, recordando el paso de una visión religiosa de la enfermedad a una científica. “Fue el descubrimiento de las bacterias y las vacunas lo que permitió duplicar la esperanza de vida, de 40 a 80 años”, explicó.
Sin embargo, Maliaño advirtió de la paradoja contemporánea: vivir más años no implica vivir mejor. “Aunque vivimos más, ya no vivimos más sanos”, afirmó. “Estamos sufriendo enfermedades crónicas no transmisibles provocadas por nuestro entorno”. En este sentido, alertó del impacto de la contaminación invisible: “No vemos las partículas contaminantes, pero pasan de los pulmones a la sangre y llegan a cualquier órgano, provocando inflamación, cáncer o enfermedades cardiovasculares”. Según expuso, el 55% de la población española mayor de 15 años ya padece alguna enfermedad crónica.
La charla puso el foco en los determinantes de la salud más allá del sistema sanitario. “Hoy sabemos que la sanidad solo influye un 11%; el resto depende de factores como el medio ambiente o el estilo de vida”, explicó. En este contexto, mencionó la recomendación de la OMS conocida como la regla 3-30-300: “ver tres árboles desde casa, contar con un 30% de cobertura vegetal y tener un parque a menos de 300 metros”. Y fue contundente: “¿Cumple Santander esto? Rotundamente no”.
La ecoactivista también criticó las políticas municipales en materia ambiental. “Se nos vende ‘Santander Capital Natural’, pero lo que vemos es ecopostureo”, afirmó. “Se instalan hoteles de insectos donde no hay flores, microjardines en rotondas donde los polinizadores mueren por el tráfico o charcas sin agua”. A su juicio, se trata de actuaciones estéticas que no abordan el problema real: “Se gasta dinero en imagen, no en salud”.
Otro de los ejes de la intervención fue el impacto ambiental del modelo portuario e industrial. “Hemos rellenado el estuario más grande del norte de España y hemos perdido marismas”, explicó. “A cambio, tenemos un puerto que introduce carbón, fertilizantes o incluso chatarra radioactiva en nuestro aire”. Además, alertó sobre la presencia de amianto en edificios: “El Ayuntamiento debería haber presentado un censo en 2023 y no lo ha hecho”.
Frente a este escenario, Maliaño defendió la necesidad de repensar el modelo de ciudad. “No podemos seguir con el modelo americano de coche para todo”, señaló. “Necesitamos recuperar espacios como la Remonta como un pulmón verde, no para construir miles de viviendas”. En su opinión, “las ciudades deben ser para habitarlas, no para convertirlas en parques temáticos turísticos”.
La ponente también denunció las dificultades para la movilidad peatonal. “Estamos llenando la ciudad de obstáculos”, afirmó. “El diseño urbano actual dificulta la vida de personas con movilidad reducida o familias con carritos”. En este sentido, reivindicó una ciudad caminable: “En cuanto sales de las calles principales, la calidad de las aceras y la seguridad caen en picado”.
Asimismo, cuestionó el modelo de “ciudad inteligente”. “Se nos dice que Santander es una smart city porque tiene sensores, pero ¿de qué sirve tener datos si no se toman decisiones?”, planteó. “De nada sirve medir la contaminación si luego no se limita el tráfico”. A su juicio, la tecnología “no puede ser un escaparate, tiene que estar al servicio de la salud”.
La charla concluyó con una llamada a la implicación ciudadana y a repensar el papel de las instituciones. “Debemos recuperar el orgullo de ser ciudadanos y dejar de actuar como siervos ante quienes gestionan la ciudad”, afirmó, defendiendo la necesidad de construir un modelo urbano más justo, saludable y sostenible.