5 de marzo de 2026.- El Ágora Solidaria Cultura y Memoria Luis Toca ha acogido en Santander la charla “La ciencia contra el patriarcado: evidencias para el cambio social”, impartida por la médica y ecoactivista Marisa Maliaño Toca, quien ha planteado una revisión crítica de los discursos tradicionales sobre género desde distintas disciplinas científicas.

La ponencia partió de una idea central: el patriarcado no responde a una base biológica inevitable, sino a una construcción social sostenida por normas, instituciones y relatos históricos. Frente a ello, Maliaño defendió el papel de la ciencia como herramienta para desmontar creencias arraigadas. “Ante el panorama actual de confusión, yo os propongo la ciencia como instrumento”, señaló. “Hoy tenemos datos que nos permiten desmontar mitos que antes eran incuestionables. No se trata de ideología, sino de evidencia para construir una sociedad más justa”.

Uno de los primeros ámbitos abordados fue la neurociencia. “No existe un cerebro masculino y otro femenino”, afirmó. “El cerebro es plástico y se moldea con la experiencia”, explicó, rechazando la idea de que existan diferencias innatas que determinen capacidades o comportamientos según el sexo.

En la misma línea, incidió en la diversidad biológica. “Nos han hecho creer que solo existen dos modelos, pero la realidad es mucho más compleja”, señaló. “El 2% de las personas nacen intersexuales, un porcentaje similar al de los pelirrojos”, explicó, defendiendo que “la diversidad no es una anomalía, sino una ventaja evolutiva”.

Maliaño también cuestionó los relatos históricos que han servido para justificar desigualdades. “Durante años se ha proyectado el patriarcado sobre la prehistoria”, indicó. “Hoy sabemos, gracias a la genética, que muchas de las pinturas rupestres fueron realizadas por mujeres y que existieron sociedades organizadas por habilidades, no por sexo”. A su juicio, “la dominación masculina no es una constante natural, es una construcción cultural”.

Desde su experiencia como médica, también denunció el sesgo de género en la ciencia. “La medicina ha tomado históricamente al hombre como referencia universal”, explicó. “Esto ha provocado que no se comprendan bien enfermedades en mujeres, como el infarto”, añadió, subrayando que “estudiar a las mujeres no es una cuestión ideológica, es una necesidad para salvar vidas”.

Otro de los conceptos que desmontó fue el del llamado “instinto maternal”. “Tal como lo entendemos, es una construcción social”, afirmó. “Existe un vínculo afectivo, pero no una programación biológica que obligue a las mujeres a asumir los cuidados”, señaló, vinculando esta idea con la falta de políticas públicas en este ámbito.

En el plano económico, Maliaño defendió que la igualdad no solo es una cuestión ética, sino también de eficiencia. “El patriarcado es ineficiente”, afirmó. “Estamos desaprovechando el talento de la mitad de la población”, añadió, apuntando que una mayor igualdad tendría un impacto positivo en la economía y el bienestar social.

La ponente también alertó sobre fenómenos actuales que afectan especialmente a las generaciones más jóvenes. “Estamos viendo un retroceso en la percepción de la violencia de género entre chicos jóvenes”, explicó, señalando el papel de las redes sociales. “Se está normalizando el control bajo la idea del amor romántico”, advirtió, defendiendo la necesidad de educación afectivo-sexual basada en el respeto.

En su intervención, Maliaño también abordó el peso de los relatos culturales y religiosos. “Nuestra cultura sigue marcada por narrativas que sitúan a la mujer en una posición subordinada”, señaló, defendiendo la necesidad de una sociedad basada en derechos humanos y no en dogmas.

Además, subrayó que el feminismo no debe entenderse como una oposición al hombre. “El machismo busca la supremacía, el feminismo busca la equidad”, afirmó. “Es una herramienta para que nadie esté condicionado por lo que es, sino por lo que hace”.

La charla concluyó con una reflexión sobre el cambio de paradigma necesario. “Vivir no tiene género y se conjuga en futuro”, señaló. “No somos la cúspide de la evolución, somos parte de una red donde todos dependemos de todos”, añadió, defendiendo que “la igualdad no es una utopía, sino una decisión basada en evidencias para construir sociedades más justas y saludables”.

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