
- El maestro y militante analiza avances, errores y memoria histórica de la Segunda República y alerta del retroceso ideológico en la sociedad actual
14 de abril de 2026.- El Ágora Solidaria Cultura y Memoria Luis Toca ha acogido en Santander la ponencia “Verdades y mentiras de la República Española”, impartida por Hilario González, quien ofreció una reflexión histórica y vivencial sobre uno de los periodos más debatidos de la historia reciente de España.
Durante su intervención, González defendió el papel de la Segunda República como motor de transformación social. “Supuso una modernización histórica”, señaló. “Debería considerarse casi una fiesta nacional por los avances que trajo en derechos, educación y democracia”.
Uno de los ejemplos que destacó fue la reforma educativa. “Se construyeron 16.000 escuelas en muy pocos años”, explicó. “La educación se convirtió en el eje del proyecto republicano”, añadió, subrayando que el franquismo persiguió especialmente a los maestros “porque eran el alma del cambio social”.
En este sentido, recordó la importancia del laicismo en el modelo educativo. “La escuela pública, unificada y laica fue uno de los grandes pilares”, afirmó. “Por eso se intentó destruir tras el golpe”.
González también abordó los errores y tensiones del periodo. “La República no fue perfecta”, señaló, mencionando episodios como Casas Viejas. “Pero en democracia los errores se pagan en las urnas, no con golpes de Estado”, añadió.
En su análisis, insistió en la necesidad de contextualizar la violencia. “No se puede entender sin tener en cuenta el golpe previo y la represión que ya se estaba produciendo”, explicó, defendiendo una lectura histórica que vaya más allá de simplificaciones.
El ponente también puso en valor figuras de la resistencia antifranquista como Simón Sánchez Montero. “Representa la entereza moral de toda una generación”, afirmó, recordando su papel en la clandestinidad.
Asimismo, reivindicó la memoria de los maquis en Cantabria. “Muchos se echaron al monte porque no tenían otra opción”, señaló, lamentando la falta de reconocimiento institucional a figuras como Juanín o Bedoya.
Desde una perspectiva más personal, González recordó su propia experiencia durante la dictadura. Militante del Partido Comunista de España desde 1970 y vinculado a Comisiones Obreras, fue detenido en 1972 y encarcelado por su actividad política. “La libertad que tenemos hoy se conquistó en las fábricas y en la calle”, afirmó.
En relación con la Transición, mostró una visión crítica. “Se hizo lo que se pudo en aquel contexto”, señaló, aunque apuntó a “oportunidades perdidas”, especialmente en materia de memoria histórica y educación pública.
El discurso también abordó el papel del miedo como herramienta de control durante el franquismo. “Fue un miedo que se metió en las familias durante décadas”, explicó. “Ese silencio es lo que hoy intentan romper las políticas de memoria”.
González fue especialmente crítico con el papel de la Iglesia en el conflicto. “Fue parte activa del golpe y legitimó la guerra como ‘cruzada’”, afirmó, señalando su influencia en la represión en el mundo rural.
En clave actual, alertó sobre el retroceso ideológico entre los jóvenes. “Existe un riesgo de desmemoria”, advirtió. “Si no se entiende cómo se conquistó la democracia, se corre el peligro de no valorarla”.
También señaló el papel de las nuevas tecnologías. “El móvil se ha convertido en un instrumento de aislamiento”, afirmó, lamentando la falta de debate y conciencia crítica.
El ponente reivindicó además el papel de la mujer en la resistencia. “Fueron fundamentales y sufrieron una represión específica”, explicó, denunciando su invisibilización histórica.
En cuanto al presente, González se mostró moderadamente optimista. “Se han producido avances sociales importantes”, señaló, aunque advirtió de que “los cambios profundos requieren mayorías sociales amplias”.
La intervención concluyó con un mensaje de compromiso y memoria. “La historia no es para la revancha, es para entender y tener criterio”, afirmó. “Mientras me quede voz, seguiré contando lo que vivimos”.
Finalmente, destacó la importancia de espacios como el Ágora. “Son trincheras culturales”, señaló. “Sentarse a escuchar y debatir hoy es un acto de resistencia”.
Hilario González, natural de Cabezón de la Sal, ha desarrollado su vida profesional como docente en distintos puntos de España, siendo director del colegio público Pablo Picasso de Laredo durante 25 años. Su trayectoria combina educación, sindicalismo y compromiso político, manteniendo hasta hoy una activa labor divulgativa en torno a la memoria histórica y la defensa de los valores democráticos.