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- La presidenta de Charcos y Semillas presenta Rao Hiri en Santander, un proyecto que realizó 1.248 atenciones sanitarias en 2025
Santander, 4 de septiembre de 2026.- La presidenta y fundadora de la asociación Charcos y Semillas, Alba Cano, ha presentado este jueves en Santander el proyecto de cooperación sanitaria y social ‘Rao Hiri’, una iniciativa que desarrolla desde hace años su actividad en comunidades rurales e indígenas de la Amazonía peruana, especialmente en la región de Ucayali.
La ponencia se ha celebrado en el Ágora Solidaria Cultura y Memoria Luis Toca, situado en la calle Juan XXIII, número 22, de Santander, donde Cano ha repasado el trabajo desarrollado por la asociación desde su creación y ha explicado las dificultades que encuentran los equipos desplazados sobre el terreno para garantizar una atención sanitaria básica a población que, en muchos casos, vive en lugares de muy difícil acceso.
Bajo el título ‘Rao Hiri: la salud empieza donde termina el mapa’, la intervención ha permitido conocer la evolución de un proyecto que nació a partir de una experiencia personal de Cano en Perú y que con el paso de los años ha ido ampliando su ámbito de actuación para incorporar, además de la atención médica, programas educativos y actuaciones de apoyo comunitario.
“Cada año vamos cambiando los proyectos y el proyecto que venimos desarrollando desde este año en adelante es Rao Hiri”, ha explicado Cano durante la presentación, en la que también ha recordado que la actividad de la asociación en Perú comenzó en 2018.
La presidenta de Charcos y Semillas ha relatado que llegó a Perú a finales de 2018 para continuar con sus estudios y que fue entonces cuando conoció UNCAR, un centro de acogida residencial situado en la aldea San Juan, en Pucallpa, capital de la región de Ucayali. Aquel primer contacto terminó dando origen a la asociación y a una intervención que posteriormente se ha extendido a otras comunidades.
“Nuestro inicio fue un poco improvisado, pero a medida que fue pasando el tiempo, lo que vimos que teníamos claro era que necesitábamos una continuidad”, ha señalado Cano, que ha recordado que en su primera visita al centro se encontró con 108 niños “en unas condiciones deplorables” y que era necesario actuar “cuanto antes”.
La región de Ucayali está dividida en las provincias de Padre Abad, Coronel Portillo, Atalaya y Purús, aunque la asociación concentra buena parte de su actividad en las dos primeras. Cano ha explicado que el acceso a zonas como Purús supone un reto añadido, puesto que determinados desplazamientos deben realizarse en avioneta o por vía fluvial y las condiciones de los ríos pueden impedir la entrada o salida de las comunidades durante parte del año.
SANIDAD EN COMUNIDADES AISLADAS
Uno de los principales ejes de la ponencia ha sido la situación de los puestos sanitarios de algunas comunidades indígenas. Cano ha explicado que disponer de un edificio destinado a centro de salud no garantiza que exista realmente asistencia médica.
“¿De qué me sirve un edificio si no mandas un sanitario y no mandas material?”, ha planteado la presidenta de Charcos y Semillas al referirse a algunas de las infraestructuras que ha encontrado durante sus desplazamientos.
Como ejemplo, ha citado el caso de Santa Elisa, en Masisea, donde existe un puesto de salud construido después de que la población quedara registrada oficialmente y el Gobierno asumiera la obligación de dotarlo de servicios. Sin embargo, según ha relatado, durante un periodo no había ni personal ni vacunas pese a disponer de equipamiento para su conservación.
Cano ha asegurado que en otras comunidades los equipos sanitarios carecen incluso de instrumentos básicos para realizar controles. “En muchos sitios encontramos una posta de salud en comunidades indígenas que no tienen ni un peso ni un tensiómetro. Ni siquiera tienen una cinta métrica”, ha explicado.
Esta carencia repercute especialmente en el seguimiento de los embarazos y en la atención a las mujeres. La falta de controles y de medios adecuados dificulta la detección de posibles complicaciones y se relaciona, según ha expuesto, con problemas de mortalidad materna y perinatal.
La situación se complica todavía más en los asentamientos humanos situados en zonas inundables. Cano ha descrito lugares donde las viviendas permanecen elevadas durante buena parte del año y donde la población no dispone de agua corriente, circunstancias que favorecen problemas relacionados con la higiene y enfermedades transmitidas por mosquitos, como el dengue o la malaria.
1.248 ATENCIONES SANITARIAS EN 2025
Los datos presentados durante la ponencia reflejan la dimensión de la actividad desarrollada por Charcos y Semillas. Durante 2025, la asociación realizó un total de 1.248 atenciones sanitarias.
El 65 por ciento de las personas atendidas fueron mujeres y casi la mitad de los pacientes tenían menos de 15 años. La distribución por edades refleja, además, una presencia especialmente elevada de niños y jóvenes entre las personas que acuden a las campañas.
Uno de los problemas detectados con mayor frecuencia es la anemia. Cano ha explicado que esta patología afecta tanto a niños como a niñas y que presenta una incidencia especialmente relevante entre las mujeres en edad fértil, que pueden arrastrarla después de los embarazos.
“Siempre vemos más mujeres que hombres y además es curioso porque el rango de edad se ve muy claramente. Atendemos más niños y gente joven que adultos mayores”, ha explicado.
La asociación utiliza los resultados obtenidos en sus campañas para determinar dónde es necesario concentrar los siguientes esfuerzos y orientar las actuaciones hacia las comunidades con mayores niveles de vulnerabilidad.
INCUBADORAS PARA LOS RECIÉN NACIDOS
Otro de los proyectos abordados durante la charla ha sido ‘Vidas de Peso’, centrado en la atención neonatal y que la asociación prevé mantener y continuar siguiendo en los próximos años.
La iniciativa incluye incubadoras de neonatología fabricadas mediante impresión 3D que son trasladadas a los centros sanitarios de la zona. Cano ha explicado que una de las principales dificultades no es únicamente conseguir el equipamiento, sino lograr que pueda utilizarse de forma continuada por los profesionales sanitarios.
“Es una guerra cultural y educativa con los centros de salud muy grandes”, ha apuntado.
La asociación ha trabajado también en la revisión y reparación de incubadoras que ya estaban instaladas. Durante la última campaña se logró recuperar material que se encontraba deteriorado y poner en funcionamiento equipamiento profesional mediante la sustitución de piezas.
Cano ha puesto igualmente el foco en la falta de recursos para tratar problemas neonatales como la ictericia. Según ha explicado, algunos centros no disponen de sistemas adecuados de fototerapia y recurren a soluciones improvisadas que pueden generar un exceso de calor para los bebés.
TUBERCULOSIS Y DIFICULTADES PARA EL DIAGNÓSTICO
La tuberculosis constituye otra de las preocupaciones detectadas por la asociación. Durante la exposición se mostró el material utilizado para realizar análisis relacionados con esta enfermedad y se explicó que las dificultades para efectuar determinadas pruebas provocan que algunos casos sean detectados cuando la enfermedad ya se encuentra avanzada.
El problema se agrava cuando el paciente reside en una comunidad sin puesto sanitario cercano o sin acceso regular a medicamentos, ya que el tratamiento requiere seguimiento durante un periodo prolongado.
EDUCACIÓN Y APOYO A LAS COMUNIDADES
La intervención de Charcos y Semillas no se limita a la asistencia médica. La asociación también desarrolla proyectos educativos y de apoyo comunitario.
Entre ellos se encuentra la Casa de la Cultura Charcos y Semillas, ubicada en Navarriada, en Manantay, una iniciativa que comenzó hace aproximadamente tres años y mediante la que la organización proporciona material y realiza labores de seguimiento y actualización junto a una profesora de la zona.
Cano ha explicado además que durante el año pasado la asociación participó en la construcción de una escuela.
La presidenta ha insistido durante la ponencia en que la cooperación necesita continuidad y conocimiento del contexto local. En su opinión, las actuaciones puntuales pueden tener un impacto limitado si no existe una planificación a largo plazo.
“Un proyecto sin continuidad y sin fondos establecidos y un objetivo claro a largo plazo no hace nada”, ha afirmado Cano, que también ha advertido de que una intervención basada únicamente en la buena voluntad puede acabar siendo contraproducente si no se acompaña de conocimiento y planificación.
En este sentido, ha explicado que uno de los problemas que encuentra la asociación es la dificultad para mantener los proyectos cuando cambian las personas implicadas. Ha puesto como ejemplo el caso de profesionales sanitarios que han mostrado una gran implicación con las iniciativas de la organización, pero cuya marcha ha obligado posteriormente a comenzar de nuevo el proceso de formación y adaptación.
LA DIFICULTAD DE TRABAJAR SOBRE EL TERRENO
Durante el turno de preguntas, Cano también ha hablado de las dificultades que supone para los voluntarios permanecer durante largos periodos en la zona. Ha explicado que, después de haber vivido personalmente durante meses en Perú, la asociación limita actualmente la duración de las campañas de los voluntarios.
“Yo he vivido en mis carnes lo que es estar allí día y día. No puedes”, ha señalado, antes de explicar que el máximo de permanencia permitido para un voluntario es actualmente de dos meses.
La presidenta de Charcos y Semillas ha defendido además la necesidad de comprender las particularidades sociales y culturales de las comunidades antes de intervenir. “Nosotros somos europeos y a mí me cuesta después de nueve años quitarme mis gafas de europea y ver la realidad”, ha reconocido.
A su juicio, comprender las circunstancias de cada familia resulta fundamental para evitar interpretaciones simplistas de situaciones como el abandono de menores. “Hay que saber entender cuándo una madre está abandonando por necesidad y cuándo una madre está abandonando por negligencia”, ha explicado.
Cano también ha apuntado a las dificultades derivadas de la falta de infraestructuras, el transporte, la burocracia y la limitada capacidad económica de las organizaciones que trabajan sobre el terreno. En determinadas zonas, ha destacado, los desplazamientos que antes podían prolongarse durante cinco horas se han reducido a unas tres gracias a la mejora de algunas carreteras, aunque continúan existiendo comunidades a las que solo se puede llegar por vía fluvial o aérea.
La asociación se enfrenta asimismo a situaciones en las que los pacientes conocen que padecen determinadas enfermedades, pero no mantienen los tratamientos o controles necesarios. Cano ha explicado que la falta de seguimiento y educación sanitaria dificulta que algunas personas comprendan la importancia de adaptar los tratamientos y modificar determinados hábitos.
OBJETIVOS PARA 2026
De cara a este año, ‘Rao Hiri’ contempla nuevas campañas médicas, formación de profesionales sanitarios locales, seguimiento de pacientes y apoyo a comunidades indígenas, además del mantenimiento del equipamiento médico instalado durante campañas anteriores.
La asociación prevé igualmente reforzar los programas educativos y sociales que desarrolla en la región y avanzar hacia un modelo en el que las propias comunidades puedan asumir progresivamente la gestión y continuidad de los proyectos.
La ponencia celebrada en el Ágora Solidaria Cultura y Memoria Luis Toca ha servido así para trasladar a Santander una realidad marcada por la distancia, la falta de medios y las dificultades de comunicación, pero también por el trabajo continuado de profesionales y voluntarios que tratan de acercar la atención sanitaria a lugares donde, como resume el propio título del proyecto, la salud “empieza donde termina el mapa”.
Más información sobre el proyecto en https://charcosysemillas.org/
