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- Maliaño aborda la relación entre urbanismo y salud, y cita la incidencia del cáncer en Cantabria al analizar la transformación de Piquío
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17 de septiembre de 2026.- La médica, divulgadora científica y ecoactivista Marisa Maliaño Toca ha situado los Jardines de Piquío como punto de partida para analizar la relación entre la forma en que se diseñan las ciudades y la salud de las personas que las habitan. Durante una charla celebrada en el Ágora Solidaria Cultura y Memoria Luis Toca, bajo el título ‘Piquío, la destrucción sigue’, Maliaño ha repasado la historia de este espacio, sus distintas transformaciones y su papel dentro de la memoria colectiva de Santander, al tiempo que ha cuestionado las últimas actuaciones realizadas en los jardines.
La intervención parte de una pregunta: si Piquío es actualmente un espacio verde y saludable y si las decisiones adoptadas en su transformación han tenido suficientemente en cuenta la salud de quienes utilizan este enclave. Maliaño ha puesto así el foco no solo en el resultado de las obras, sino en una cuestión más amplia: qué calidad de vida proporciona a la ciudadanía el espacio urbano que se construye.
En este sentido, ha señalado que la reciente rehabilitación de Piquío ha mantenido cerrado el espacio durante aproximadamente dos años y ha situado el coste de la actuación en torno a los 2,61 millones de euros, frente a una previsión inicial de alrededor de 1,36 millones. Al abordar el incremento del presupuesto y la duración de los trabajos, ha hecho referencia a las explicaciones ofrecidas por la alcaldesa de Santander, según las cuales las obras se habrían detenido a petición del sector hostelero y posteriormente se habría modificado el tratamiento del suelo debido a la altura a la que se encontraban las raíces de la vegetación.
Maliaño ha cuestionado estas explicaciones y ha puesto el arbolado en el centro de su crítica, al considerar que la vegetación existente actualmente en el espacio no se corresponde, a su juicio, con la importancia que se concede a las raíces como condicionante de la actuación.
Un espacio con historia y memoria
La ponente ha defendido que Piquío no puede entenderse únicamente como un jardín. El enclave, situado entre la Primera y la Segunda Playa del Sardinero, ha formado parte del paisaje de Santander durante generaciones y, según ha explicado, su historia se remonta a diferentes usos y transformaciones.
Maliaño ha recordado que el lugar era conocido tradicionalmente como la ‘punta del rostro’, en referencia al aspecto que presentaba el promontorio rocoso visto desde determinados puntos. También ha repasado su utilización militar, con la existencia de instalaciones defensivas desde el siglo XVIII y posteriores elementos vinculados a la defensa de la costa.
El espacio comenzó a adquirir una configuración propiamente ajardinada a finales del siglo XIX. Maliaño ha situado en 1897 el primer diseño de los jardines como espacio destinado al uso ciudadano, con abundante vegetación y caminos destinados al paseo y al disfrute del paisaje.
A partir de ahí, ha explicado, Piquío fue acumulando distintas capas históricas. La transformación urbana de 1925 modificó de manera importante el entorno coincidiendo con el desarrollo turístico de El Sardinero y la llegada de una población vinculada a la burguesía y a los baños de ola. En esa etapa se incorporaron diferentes elementos arquitectónicos y paisajísticos que terminaron formando parte de la imagen tradicional del enclave.
Entre ellos, Maliaño ha destacado la denominada ‘Tierra Paralela’, conocida popularmente como ‘bola del mundo’, a la que ha atribuido un especial interés desde el punto de vista científico y cultural. Durante su exposición ha defendido que este elemento debería estar mejor explicado y puesto en valor por su singularidad.
La ponente también ha repasado otros elementos incorporados a lo largo de los años, como la fuente de Lavapiés, las pérgolas, rampas, miradores y diferentes zonas arboladas. Ha recordado asimismo que durante la Guerra Civil volvieron a aparecer usos militares en el entorno y que posteriormente, durante el franquismo, se produjeron nuevas modificaciones.
Para Maliaño, todas estas transformaciones han ido dejando una huella en la memoria de quienes han utilizado Piquío. Ha puesto como ejemplo los recuerdos familiares y las fotografías de distintas generaciones, vinculados a encuentros, paseos y momentos de ocio bajo los árboles y las pérgolas.
«Los lugares van acumulando capas y la memoria va siendo de las generaciones», ha defendido durante la charla, antes de insistir en que esa memoria forma parte también del valor de los espacios públicos.
Las reformas y la pérdida de arbolado
La médica ha centrado buena parte de su análisis en las intervenciones realizadas durante las últimas décadas. En particular, ha cuestionado la reforma ejecutada en 2010, de la que ha señalado una pérdida de arbolado y la sustitución de determinados pavimentos.
Según ha explicado, parte del suelo que permitía la filtración del agua fue reemplazado por otro material que, a su juicio, presentó problemas poco después de su instalación, con la aparición de grietas que terminaron haciendo necesaria una nueva intervención.
Maliaño ha relacionado esta situación con la reforma desarrollada entre 2024 y 2026. La actuación, según ha explicado, se planteó en buena medida para resolver los problemas del pavimento, pero el resultado final le lleva a cuestionar si se ha recuperado realmente el carácter histórico y ambiental que se atribuye al espacio.
También ha puesto en duda el mensaje institucional de que Piquío «vuelve a ser Piquío» y la afirmación de que los jardines se han recuperado conforme a su diseño original. Maliaño ha sostenido que el proyecto actual se aproxima más al diseño de 1925 que al planteamiento inicial de 1897 y ha cuestionado la reducción del arbolado.
En este punto ha comparado Piquío con otros espacios de Santander, como los Jardines de Pereda, la Plaza de Pombo o la Plaza de las Atarazanas, para señalar lo que considera una tendencia hacia la pérdida de zonas arboladas en favor de superficies más duras y abiertas.
A su juicio, esta cuestión adquiere una importancia todavía mayor ante el aumento de las temperaturas y la necesidad de disponer de espacios de sombra y protección frente al calor.
Urbanismo y salud
El eje central de la intervención de Maliaño ha sido, precisamente, la relación entre urbanismo y salud pública. La médica ha defendido que la salud debe formar parte de los proyectos urbanos desde su planteamiento inicial y no aparecer como un elemento secundario una vez diseñada la infraestructura.
Según ha explicado, las condiciones ambientales tienen una influencia relevante sobre la salud de la población y, por ello, las decisiones sobre calles, viviendas, transporte, zonas verdes y espacios de encuentro deberían analizarse también desde esta perspectiva.
Maliaño ha citado como factores que condicionan la vida cotidiana de los ciudadanos la contaminación atmosférica, el ruido, la falta de conectividad peatonal, la escasez de espacios verdes y los estilos de vida sedentarios.
«Cuidar la ciudad es cuidar a la gente que la habita», ha sostenido durante la charla, al considerar que Piquío constituye una pieza más dentro de un modelo urbano que condiciona la forma en que las personas se desplazan, se relacionan y desarrollan su vida diaria.
En este contexto, ha cuestionado el crecimiento de Santander mediante actuaciones parciales y ha puesto como ejemplo la expansión urbana desde Nueva Montaña hacia Cueto y Monte. Según su exposición, este crecimiento se habría producido de manera fragmentada y sin una planificación suficiente de servicios y conexiones.
También ha criticado la situación del planeamiento urbanístico municipal. Maliaño ha recordado que el Plan General de Ordenación Urbana aprobado en 2012 fue anulado en 2016 y ha cuestionado que, una década después, no exista un nuevo plan general aprobado. Ha señalado que continúa vigente el planeamiento anterior y que este permite el desarrollo de planes parciales.
A su juicio, esta situación favorece una construcción puntual de nuevos espacios sin abordar necesariamente las necesidades globales de la ciudad.
Cáncer, contaminación y condiciones ambientales
La relación entre las condiciones urbanas y la salud ha llevado a Maliaño a abordar durante su exposición cuestiones como la contaminación y la incidencia de determinadas enfermedades.
La médica ha citado datos que, según ha explicado, sitúan a Cantabria en 2024 con la cuarta tasa más elevada del país de nuevos casos de cáncer. Maliaño ha rechazado que esta situación pueda explicarse únicamente por el envejecimiento de la población y ha relacionado en su exposición los problemas de salud con factores ambientales y con las condiciones en las que se desarrolla la vida cotidiana.
En este apartado ha puesto especial atención en la contaminación atmosférica y en las partículas PM10 y PM2,5, señalando que, aunque no siempre sean visibles, pueden permanecer en el aire y entrar en contacto con las personas.
También ha citado el entorno del Barrio Pesquero y las zonas próximas al puerto para plantear preguntas sobre la relación entre exposición ambiental y salud. La ponente ha extendido, no obstante, el análisis al conjunto de Santander y ha defendido que ningún barrio puede considerarse completamente ajeno a estos problemas.
«Nadie» se libra, ha sostenido al referirse a la exposición a los efectos derivados del tráfico, el puerto y otras fuentes de contaminación.
El calor como nuevo factor de riesgo
Otro de los grandes bloques de la intervención ha sido el impacto de las altas temperaturas. Maliaño ha defendido que el calor ya no debe contemplarse como un problema futuro vinculado exclusivamente al cambio climático, sino como un fenómeno que está teniendo consecuencias sobre la población.
Ha explicado que la temperatura registrada por los termómetros no siempre coincide con la que experimenta el organismo, ya que la humedad modifica la sensación térmica. Como ejemplo, ha señalado que una temperatura de 27 grados con una humedad elevada puede generar una sensación térmica superior.
A partir de ahí, ha explicado los diferentes niveles de riesgo establecidos para las altas temperaturas y ha advertido de que determinados grupos de población pueden verse afectados incluso con temperaturas que no suelen considerarse extremas.
Durante la charla ha citado datos de temperaturas registradas en Santander durante los últimos veranos y ha señalado un incremento de las noches tropicales. Según los datos que presentó, el verano de 2026 habría registrado un aumento significativo respecto a años anteriores.
Maliaño ha relacionado esta evolución con el riesgo de mortalidad y ha citado estimaciones de exceso de mortalidad atribuible al calor. En concreto, ha señalado que, a 10 de septiembre, Cantabria acumulaba 157 muertes atribuibles al exceso de calor durante 2026.
La ponente ha precisado que estas cifras no corresponden necesariamente a fallecimientos certificados como golpes de calor. Según explicó, se trata de estimaciones de exceso de mortalidad asociadas a episodios de temperaturas elevadas, ya que en un certificado de defunción pueden figurar causas como un ictus o un problema cardiovascular aunque el estrés térmico haya contribuido al desenlace.
Maliaño ha utilizado estos datos para defender la necesidad de adaptar las ciudades al nuevo escenario climático. En su opinión, factores como la escasez de zonas verdes, el efecto de isla de calor, las características de las viviendas y la falta de espacios de sombra pueden incrementar la vulnerabilidad de la población.
También ha señalado que esta vulnerabilidad no se limita a las personas mayores. Ha mencionado entre los grupos que pueden verse especialmente afectados a lactantes, embarazadas y personas que toman determinados medicamentos, aunque ha insistido en que cualquier persona puede encontrarse en una situación de vulnerabilidad ante determinadas condiciones.
Una ciudad para habitar
Desde esta perspectiva, Maliaño ha planteado una cuestión que considera fundamental: para quién se diseñan las ciudades.
Durante su exposición ha cuestionado que determinadas actuaciones urbanas puedan estar más orientadas hacia los vehículos, el turismo, la inversión, la imagen o las redes sociales que hacia las necesidades de las personas que viven en ellas.
Ha puesto como ejemplo la falta de itinerarios peatonales y de espacios verdes suficientes y ha defendido que una ciudad saludable debe facilitar que sus habitantes puedan desplazarse caminando, descansar, relacionarse y protegerse del calor.
También ha relacionado la falta de espacios de encuentro con problemas como la soledad y el aislamiento. A su juicio, cuando una persona no dispone de lugares próximos donde pasear, sentarse o encontrarse con otras personas, aumentan las dificultades para mantener una vida activa y relaciones sociales.
El ruido constituye otro de los elementos señalados durante la charla. Maliaño ha explicado que la exposición continuada puede generar estrés y ha integrado este factor junto a la contaminación, el aislamiento y las desigualdades sociales dentro de su análisis sobre salud urbana.
Seguridad, mantenimiento y El Bocal
La intervención también ha abordado el estado de conservación y seguridad de diferentes espacios públicos de Santander. Maliaño ha citado zonas como Piquío, la Plaza de Pombo, Cabo Mayor-Mataleñas y Las Llamas para plantear dudas sobre el mantenimiento y la posibilidad de utilizar determinados espacios con seguridad.
En este contexto, ha criticado determinadas actuaciones de vallado y señalización y ha defendido que las administraciones tienen responsabilidades de vigilancia y mantenimiento dentro de sus competencias.
Maliaño ha incorporado asimismo a su exposición la tragedia ocurrida en El Bocal en marzo de 2026, que ha utilizado como ejemplo de la importancia de la prevención y del mantenimiento de las infraestructuras públicas.
Durante su intervención ha cuestionado la gestión de una pasarela situada en este entorno y ha repasado las actuaciones y advertencias que, según su relato, se produjeron antes del accidente. La ponente ha vinculado este episodio con su reflexión sobre quién decide cómo se construyen y mantienen los espacios de la ciudad y sobre las consecuencias que pueden tener determinadas decisiones.
«La destrucción sigue»
Maliaño ha cerrado su exposición regresando a Piquío y a la pregunta que había planteado al comienzo: qué función cumple actualmente este espacio para la ciudadanía.
A su juicio, los jardines no pueden considerarse actualmente un verdadero refugio climático ni un espacio natural y arbolado con suelo permeable en las condiciones que considera necesarias. Sí ha reivindicado, en cambio, su enorme valor como espacio de memoria popular.
La médica ha defendido que los jardines deben analizarse como un lugar en el que confluyen patrimonio, paisaje, historia, medio ambiente, relaciones sociales y salud. Por ello, ha reclamado que las futuras actuaciones urbanas incorporen estas dimensiones desde el inicio y no se limiten a resolver cuestiones constructivas o estéticas.
Su conclusión ha quedado resumida en el propio título de la charla: «Piquío, la destrucción sigue».
La ponencia completa puede consultarse en el canal de YouTube del Ágora Solidaria Cultura y Memoria Luis Toca.