
- La asociación Derecho a Morir Dignamente explica en Santander cómo funciona el Registro de Voluntades Previas y defiende la eutanasia como un derecho sanitario
23 de abril de 2026.- El Ágora Solidaria Cultura y Memoria Luis Toca ha acogido en Santander una charla-coloquio sobre el Registro de Voluntades Previas —conocido como testamento vital—, un instrumento clave para garantizar el respeto a la voluntad de las personas cuando no pueden expresarla por sí mismas.
La sesión ha contado con la participación de voluntarios de Derecho a Morir Dignamente: Concha Calzada, Nieves del Solar, Juan Jiménez y Ana Sobrino, quienes abordaron tanto los aspectos legales como las implicaciones personales y familiares de este documento.
Durante la intervención, Calzada puso el foco en la dimensión ética y social del derecho a decidir. “El derecho a una muerte digna es una de las mayores expresiones de libertad”, afirmó. “No se trata solo de leyes, sino de dejar claro qué queremos para evitar que otros decidan por nosotros”.
Por su parte, Del Solar explicó en qué consiste este documento. “Es una declaración anticipada donde dejamos por escrito los cuidados y tratamientos que queremos o rechazamos cuando ya no podamos decidir”, señaló. “Su objetivo es evitar una prolongación innecesaria del sufrimiento y garantizar la dignidad al final de la vida”.
En cuanto a su tramitación, detalló que existen tres vías: ante la Administración, ante testigos o mediante notario, siendo la opción administrativa la más habitual al ser gratuita y quedar registrada automáticamente. Además, subrayó que el documento se integra en el sistema sanitario. “Una vez inscrito, pasa al registro nacional y aparece en la historia clínica, lo que permite que cualquier equipo médico en España acceda a él”.
Uno de los aspectos más relevantes es el rechazo a determinados tratamientos. “Tan importante es decir lo que queremos como lo que no queremos”, explicó Del Solar, mencionando intervenciones como la alimentación artificial o procedimientos que solo prolongan la agonía en situaciones irreversibles.
En clave de datos, Jiménez aportó cifras que reflejan el perfil de quienes formalizan este documento. “El 67% son mujeres y la mayoría supera los 65 años, aunque cada vez hay más jóvenes interesados”, indicó. También destacó que “casi el 90% ya incluye la solicitud de eutanasia”.
Sobre esta cuestión, Sobrino recordó que desde 2021 la eutanasia forma parte de la cartera de servicios sanitarios. “Es un derecho reconocido, pero requiere condiciones específicas: enfermedad grave o sufrimiento intolerable”, explicó. En este sentido, insistió en la importancia de dejarlo por escrito. “Si en el futuro no puedes expresar tu voluntad, el documento permite activar ese derecho”.
Asimismo, aclaró las diferencias entre eutanasia y cuidados paliativos. “No son excluyentes”, señaló. “Los paliativos buscan aliviar el sufrimiento, mientras que la eutanasia permite decidir cuándo poner fin a la vida en determinadas circunstancias”.
El encuentro también abordó aspectos clave como la figura del representante. “Debe ser alguien de confianza que actúe como tu voz ante los médicos”, explicó Del Solar, subrayando que su función es hacer cumplir la voluntad del paciente, no sustituirla.
Otro de los puntos tratados fue la posibilidad de modificar el documento. “Se puede cambiar en cualquier momento mientras se mantenga la capacidad”, recordó Sobrino. “Siempre prevalece la última versión registrada”.
Durante la charla se abordó también la objeción de conciencia de los profesionales sanitarios. “Es un derecho individual”, explicó Sobrino, “pero el sistema público está obligado a garantizar la prestación”.
El caso de enfermedades como el Alzheimer centró parte del debate. “Es fundamental hacerlo a tiempo”, advirtió Jiménez. “Cuando la enfermedad avanza, ya no se puede firmar. Por eso hay que anticiparse”.
Más allá de los aspectos técnicos, los ponentes coincidieron en destacar el valor humano del proceso. “Es un regalo para la familia”, afirmó Sobrino. “Evita decisiones difíciles en momentos de gran carga emocional”.
En esta línea, Calzada puso en valor el apartado de “valores vitales” del documento. “Permite explicar qué es para ti una vida digna”, señaló, algo que facilita la interpretación médica en situaciones complejas.
La sesión concluyó con una llamada a romper el tabú sobre la muerte. “Hablar de esto es un acto de responsabilidad”, coincidieron los participantes, que animaron a la ciudadanía a informarse y ejercer este derecho.
Desde DMD Cantabria recordaron que ofrecen asesoramiento gratuito para la elaboración del documento, en un contexto en el que, pese al aumento de registros en los últimos años, sigue existiendo un amplio desconocimiento social sobre esta herramienta.
El testamento vital, insistieron, “no es solo un trámite”, sino una decisión consciente sobre cómo vivir el final de la vida con dignidad, autonomía y respeto.