12 de marzo de 2026.- El Ágora Solidaria Cultura y Memoria Luis Toca ha acogido en Santander la ponencia “Pantano del Ebro: su aspecto histórico, social y económico”, a cargo del investigador Rafael de Andrés Seco, quien ha ofrecido un recorrido detallado sobre una de las infraestructuras más determinantes —y controvertidas— de la historia reciente de Cantabria.

Ingeniero técnico industrial y consultor ya jubilado, De Andrés Seco ha desarrollado en los últimos años una intensa labor divulgativa e investigadora sobre la historia de Campoo. Fue secretario de la Comisión Campurriana para la Historia del Pantano del Ebro desde su fundación en 2017 hasta su disolución en 2025, además de coordinador y coautor del libro El Pantano del Ebro y el Puente Noguerol. Mirando al futuro sin olvidar el pasado. También ha participado en proyectos audiovisuales y publicaciones centradas en la memoria industrial y social de la comarca, como el documental Reinosa 1987: El precio de la reconversión industrial.

Durante su intervención, situó el pantano como un elemento clave en la identidad regional. “Estamos hablando de algo que está a 70 kilómetros de aquí, pero que define quiénes somos”, señaló. “Fue el mayor sacrificio territorial de Cantabria en favor del interés general”.

El embalse, explicó, ocupa más de 6.200 hectáreas —casi tres veces la superficie de la Bahía de Santander— y presenta una escasa profundidad media. “Es un ‘plato’: mucha extensión y poca profundidad”, apuntó, lo que supuso “un mayor impacto en las mejores tierras de pasto”.

En cuanto a su origen, desmontó uno de los mitos más extendidos. “No es una obra de Franco”, afirmó. “El proyecto nace en 1902 con el plan Gasset, dentro del regeneracionismo, y atraviesa distintas etapas políticas hasta su finalización en 1952”.

El papel del ingeniero Manuel Lorenzo Pardo fue, a su juicio, clave. “Era un visionario que entendía que el progreso no podía construirse sobre la ruina de quienes vivían en el territorio”, explicó, lamentando que “esa visión social se perdió tras la Guerra Civil”.

Uno de los hitos fundamentales fue la creación de la Confederación Hidrográfica del Ebro en 1926. “Fue la primera del mundo en su tipo”, señaló, concebida como un modelo de gestión integral de cuenca.

Sin embargo, el desarrollo del proyecto estuvo marcado por decisiones que perjudicaron gravemente a la población local. “Las bases de expropiación aprobadas en 1927 fijaron precios irreales”, explicó. “Fue una trampa legal que dejó a muchas familias en la miseria”.

Uno de los episodios más duros abordados fue el uso de mano de obra forzada durante el franquismo. “Tras la guerra, presos republicanos trabajaron en la construcción en condiciones de semiesclavitud”, denunció. “Es una parte de la historia que no se puede ocultar”.

El cierre de compuertas en 1947 marcó un punto de no retorno. “El agua empezó a subir y la gente tuvo que abandonar sus casas sin haber cobrado”, relató. “Ese trauma sigue presente en la memoria colectiva de Campoo”.

También se refirió a infraestructuras fallidas como el puente Noguerol. “Se construyó para evitar el aislamiento, pero se hundió poco después por fallos técnicos que se ocultaron”, explicó.

Desde el punto de vista económico, De Andrés Seco fue contundente. “Fue una obra barata para el Estado porque se pagó tarde y mal”, afirmó. “El coste real lo asumieron los vecinos, cuyos derechos fueron vulnerados”.

El impacto industrial fue otro de los aspectos destacados. “El pantano acabó con el desarrollo de zonas como Arija”, señaló, en referencia a la desaparición de Cristalería Española y la emigración de cientos de trabajadores.

Además, denunció la depreciación de las indemnizaciones. “Se fijaron en los años 20 y se pagaron en los 50 con una moneda devaluada”, explicó. “Por eso hablamos de una deuda histórica”.

A pesar de ello, reconoció la paradoja ambiental del embalse. “Hoy es un espacio de gran valor ecológico y refugio de aves”, indicó. “Pero no podemos hablar de riqueza natural sin recordar el coste humano que supuso”.

La ponencia también sirvió para visibilizar el trabajo de la Comisión Campurriana para la Historia del Pantano del Ebro, centrada en recopilar testimonios y documentación. “Nuestra labor es evitar que el relato oficial borre lo ocurrido”, subrayó.

El encuentro cerró con una reflexión sobre la memoria y el territorio. “Mirar al pasado con rigor es imprescindible para entender el presente”, concluyó, insistiendo en la necesidad de reconocer el impacto social de las grandes infraestructuras.

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